lunes, 25 de agosto de 2014

LA VOZ DE LA KABALÁ : CONCEPTOS BÁSICOS 1


LA VOZ DE LA KABALÁ

Basado en el escrito de Rav Michael Laitman



INICIANDO EL CAMINO

Hace 5.000 años, cuando la búsqueda del placer apenas comenzaba, su remedio apareció también.
Entre aquellos que habían elegido el camino de la búsqueda vivía un joven llamado Abram.
Su padre era fabricante de ídolos, y Abram, aunque siguió el camino de su padre, fabricándolos y vendiéndolos, nunca pudo comprender cómo podían rezar a esos ídolos que no tenían ningún valor ya que él mismo los producía.
Las dudas y cavilaciones le perseguían hasta que un día se preguntó: "¿Es que el mundo no tiene un dueño? El Creador le miró y le dijo: Yo Soy el amo del mundo". (Bereshit Raba, 39:1)
A partir de entonces, Abram cambió su nombre y se convirtió en Abraham, El Patriarca, precursor de una nuevo pensamiento que no exalta el placer en sí mimo sino la relación con el que lo proporciona.
Abraham explicó que para recibir placer es necesario conocer la ley universal que gobierna toda la naturaleza, asemejarse a ella, y así, automáticamente, todos lo placeres del universo serían nuestros.
El problema, agregó,  no es que queramos disfrutar, sino que NO QUERAMOS SABER DE DÓNDE
PROVIENE EL PLACER.
Abraham desarrolló un método de enseñanza para alcanzar esta relación con el otorgante mediante la semejanza con el Creador. Enseñó que Él no es un ser sino un principio según el cual todo funciona: EL PRINCIPIO DEL OTORGAMIENTO.
Abraham dedicó su vida a la difusión de este método, clave para ser feliz en la vida.
Desde entonces, los sabios han estado desarrollando el método de Abraham, dándole diferentes nombres en diversas épocas, pero conservando su esencia: LA SABIDURÍA DE LA KABALÁ, la sabiduría de recibir el placer de otorgar. Su utilización puede reunir culturas divididas, curar las rivalidades y aprovechar los talentos individuales para el bien de toda la humanidad.


DESEOS - EL INCENTIVO DEL CAMBIO

Los deseos no surgen de la nada. Se elaboran inconscientemente en nuestro interior y surgen sólo cuando llegan a ser imperativos, como por ejemplo "Quiero comer una manzana".
Antes de esto, los deseos o no son percibidos, o al menos, sentidos como una inquietud general.Todos hemos experimentado ese sentido de querer algo, pero no saber exactamente qué es; es un deseo que aún no ha madurado. Sabemos por experiencia que la necesidad obliga a la búsqueda. De forma similar la Kabalá nos enseña que la única forma en la que podemos aprender algo es primeramente querer hacerlo. Cuando queremos algo hacemos lo necesario para conseguirlo. Esto significa que el motor del cambio es el Deseo.
La forma en que se desenvuelven nuestros deseos define y determina toda la historia de la humanidad.
A medida que éstos se desarrollan, incitan a la gente a estudiar el medio ambiente de forma que puedan colmarse sus deseos. A diferencia de los minerales, plantas, y animales, la gente se desarrolla constantemente. En cada generación, en cada persona, los deseos se vuelven cada vez más fuertes.
El incentivo del cambio, el deseo, está hecho de 5 niveles, de 0 a 4. Los cabalistas se refieren a este incentivo como "EL DESEO DE RECIBIR PLACER", o simplemente "EL DESEO DE RECIBIR".

En los orígenes de la Kabalá, hace 5.000 años, el deseo de recibir estaba en el nivel 0. Hoy, estamos en el nivel 4, el nivel más intenso. En aquellos tiempos en los que el deseo de recibir estaba en el nivel 0, los deseos no eran lo suficientemente fuertes para separarnos de la naturaleza y a los unos de los otros.
En aquellos días esta unidad con la naturaleza era la única forma natural de vida. La gente no se conocía de otra manera, incluso no imaginaban que pudieran estar separados de la naturaleza, ni lo deseaban. Era un tiempo de unión, y la humanidad era una sola nación.
Pero entonces ocurrió un cambio: los deseos de la gente empezaron a crecer y llegaron a ser más egoístas. Las personas comenzaron a querer cambiar la naturaleza y usarla para ellos mismos. 
En lugar de querer adaptarse a ésta, quisieron cambiarla para sus propias necesidades. Llegaron a distanciarse de la naturaleza, a separarse de ella y desunirse entre sí. Hoy comprendemos que esto fue un grave error que aún sostenemos. Hemos construido una coraza tecnológica que nos protega de la naturaleza. Seamos conscientes o no, estamos tratando de controlar la naturaleza. Simplemente esta solución no funciona.

Mucha gente está decepcionada de las promesas tecnológicas que animaron nuestro progreso lleno de expectativas de riqueza, salud, bienestar y seguridad. Por lo tanto todo ello nos lleva a plantearnos la siguiente pregunta: ¿Éste es el camino adecuado?
En la medida en que reconocemos la crisis valoramos otra nueva alternativa. En lugar de compensar nuestro distanciamiento egoísta de la naturaleza escogiendo la tecnología, deberíamos haber cambiado este alejamiento por el altruísmo y por la unidad con la naturaleza. En Kabalá el término usado para esta cambio se llama TIKKUN (corrección).


Percatarnos de nuestro alejamiento de la naturaleza significa que reconozcamos la división que ocurrió entre nosotros los seres humanos hace 5.000 años. Esto es llamado "EL RECONOCIMIENTO DEL MAL". No es fácil pero es el primer paso para una reconciliación con el hombre y la naturaleza.



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