viernes, 31 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES: 9 DE AV: ¿DUELO O BUEN FUTURO?



9 DE AV: ¿DUELO O BUEN FUTURO?


En toda la historia, esta época del año
ha traído siempre malos acontecimientos.
La destrucción de los Templos, e incluso
más recientemente: los pogromos
en Europa, la Revuelta en el Ghetto de
Varsovia, etc. Es como si hubiera una
fuerza en el mundo que causa toda clase
de estallidos terribles precisamente
en esta época. ¿Qué es lo que provoca
este tipo de acontecimientos tremendos
el 9 de Av (julio)?

Según la Kabalá, el ser humano tiene que pasar un proceso muy especial durante su existencia en la tierra para llegar al nivel más elevado, el de la Divinidad. Para este fin, debe tener el deseo de alcanzar una vida espiritual, por encima de la materia, en unión y amor totales con el resto de los seres humanos.
La formación de este deseo se realiza en cuatro fases de estallidos de egoísmo, llamados “Exilio” y su superación, llamada, “Redención”. Este proceso busca llevar al ser humano a la cima de la existencia, el nivel del Creador.
En la antigua Babilonia, en la época de Abraham el Patriarca, hace más de 4.000 años, estalló el ego por primera vez, en una civilización que hasta entonces vivía en armonía con la Naturaleza y con el resto de las personas como una pequeña familia. El hecho causó que dejaran de sentir y entenderse entre sí. Querían controlar a los demás y a la Naturaleza misma simbolizado por la historia bíblica “La Torre de Babel”.
Abraham descubrió la sabiduría de la Kabalá –el método de corrección del egoísmo– y les explicó a sus contemporáneos que hubo este estallido de egoísmo para que se elevaran por encima de él. 
Les pidió que permanecieran unidos, en “amor al prójimo”, para mantener su sensación de una existencia plena y eterna. Les dijo que este ego, sólo al usarlo correctamente, los elevaría a
un grado superior de existencia y conexión entre sí. Un pequeño grupo de ellos lo acató y lo logró.

El segundo estallido de egoísmo de este mismo grupo ocurrió en Egipto, cuando se levantó Moisés y los condujo a su segunda elevación por encima del ego, hacia la Recepción de la Torá, en el Monte Sinaí, usando la Luz de la Torá, la Fuerza Superior que convierte el odio en amor.
El 9 de Av, del 586 AC, se destruyó el Primer Templo, por un tercer estallido de egoísmo en el grupo de Abraham, saliendo en exilio, por tercera vez, para volver 70 años más tarde, y construir el Segundo Templo.
Más de 500 años después, el 9 de Av, estalla el ego por cuarta vez y al no poder superarlo pierde el grupo de Abraham completamente su grado espiritual: el amor al prójimo, la sensación de la Fuerza Superior, y salen al cuarto exilio. Fue el último estallido de egoísmo, y desde entonces, quedamos 2.000 años en exilio, hasta el día de hoy.


¿EXILIO DE QUÉ?

De nuestra raíz espiritual, de nuestra conexión con la Divinidad, la Fuerza Gobernante de la Naturaleza, de la sensación de un mundo pleno y exhaustivo. Exilio de la comprensión del propósito de nuestra vida, del flujo eterno de nuestra existencia.
En el pasado, por ejemplo, solíamos satisfacernos con mucho menos: comer, beber, niños, una vaca, campo, con todo eso bastaba. Pero, cada generación llega con un deseo de disfrutar más grande que el de la anterior, tiene más exigencias de la vida. Es a esto que llamamos, egoísmo: llenarse a uno mismo con toda clase de cosas en mayor variedad e intensidad, trayendo consigo revoluciones culturales, cambios sociales, gobiernos, tecnología, y otros.
Esto mismo es el Exilio: el desprendimiento de la espiritualidad, la sensación que algo nos falta, una esencia, un propósito.
Hoy día, muchos buscan algo diferente, más elevado, pero no encuentran. Caen en drogas, depresión y una desesperación total.
El egoísmo nos aleja más y más y las familias se desintegran. Nos separamos, pero descubrimos que esto no nos hace más felices. Esta es la ruina verdadera.
Según la Kabalá, el estallido del egoísmo busca causarnos la elevación a un nivel superior de existencia, a la sensación espiritual de una vida feliz, en conexión eterna con la Fuerza Superior.


FINAL DEL EXILIO

Vivimos en una época muy especial: El fin del Exilio espiritual, el último. 
La única diferencia entre “Exilio” (Galut) y “Redención” (Geulá), es por la letra hebrea Alef, que simboliza “El Campeón del Mundo”, la revelación de la Fuerza Superior, que nos corregirá y ayudará a salir del Exilio.
Los cabalistas nos dicen que esta Redención, ocurrirá en nuestra generación, o en pocas décadas, pero actualmente ya se siente el gran estallido de egoísmo que nos está llevando a divorcios, transgresiones, terrorismo, drogas y el deseo general de desprenderse de la vida.
Estas son señales claras de que el ser humano debe comenzar su ascenso por encima de este tipo de existencia. Es más, todos estos acontecimientos suelen ocurrir, sistemáticamente, el 9 de Av, ya que vienen de la misma raíz espiritual del estallido de egoísmo que causa las ruinas.
Por otro lado, podemos ver que la Naturaleza misma nos está empujando a unirnos, a ser cada vez más interdependientes; el mundo se está convirtiendo en una pequeña aldea. O sea, el egoísmo nos aleja, pero por otro lado, el mundo se hace más interconectado. Estos extremos incrementan la sensación de impotencia en la humanidad.


LA REDENCIÓN

Los cabalistas explican que la redención es inevitable pero que puede llegar de dos maneras: escapando del sufrimiento o buscando una Meta buena y cautivadora hacia un futuro promisorio. 
Se trata de conectarnos con el Mundo Espiritual, de donde descienden las fuerzas que manejan nuestro mundo. Si arreglamos nuestra existencia allí nos sentiremos bien aquí también.
Lo único que tenemos que hacer es llegar a ver que todas las ruinas vienen de nuestro interior, como resultado de la manifestación del ego en todo el mundo y usar la Fuerza Superior para que venga y nos una por encima del ego. Entonces, en lugar de perder el control sobre nuestra vida, realizaremos la Meta por la que vinimos aquí.
Si nos elevamos y unimos por encima de este ego universal, pasando del odio recíproco al amor fraternal, encontraremos la solución de todos nuestros problemas personales y globales, y nuestro mundo cambiará completamente. Todos nosotros nos elevaremos al máximo grado espiritual, a la Meta de la Creación. Esto también ocurrirá el 9 de Av: donde hubo ruina, ocurrirá el ascenso.














jueves, 30 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES: PESAJ: EL SIGNIFICADO INTERNO



 PESAJ: EL SIGNIFICADO INTERNO


Según la Cabalá, todos los cuentos de la
Torá son representaciones de los acontecimientos
en la realidad espiritual.
Para poder vincularse a la espiritualidad
el individuo debe pasar un proceso
que le revela el dominio de la materia
sobre él y cómo librarse de éste.

En el Libro del Zohar, Parashat “Behaalotchá”, ítem 58, está escrito: 
“Dijo Rabí Shimon: ¡Ay de aquel individuo
que dice que la Torá viene a contar cuentos simples
y relatos trillados de Esaú, Laban, etc.! …sino que
todas las palabras de la Torá tratan de cosas elevadas
y secretos superiores.

La Torá, así como la historia de Pesaj, describen precisamente lo que acontece en la realidad espiritual y en el interior del ser humano. Uno podrá comprender el verdadero significado de la Leyenda (Hagadá) de Pesaj sólo cuando experimente su propio éxodo personal de Egipto
y celebre esta fiesta internamente. 
Por naturaleza, el hombre actúa sólo para llenarse de
placer. 
La Kabalá lo llama: “El deseo de recibir para sí mismo” o “Egoísmo”.

Por el contrario, el atributo de la Fuerza Gobernante del mundo es inverso al atributo humano, deseando impartir abundancia, placer y deleite al individuo. En la Kabalá es la “Fuerza Otorgante” o “Altruismo”. 
Estas son las fuerzas de las que habla la Leyenda de Pesaj, y en realidad, la Torá en total.
La similitud con la Fuerza Otorgante es la entrada a la realidad espiritual. Es un cambio interno en el individuo, transformándolo de una naturaleza egoísta a una altruista.
Pero antes de adquirir el atributo de otorgamiento debe familiarizarse con su egoísmo en toda su magnitud y poder. 

En el cuento de Pesaj, el Faraón simboliza la naturaleza egoísta del hombre y Moisés la altruista.


¿QUÉ ES PESAJ?

Pesaj viene de la palabra hebrea “Pesijá” que significa “dar un salto”, es decir, el “salto” por encima del carácter humano.
Antes del éxodo de Egipto el individuo permanece cautivo bajo el dominio de su ego sin influencia sobre su vida. Después del éxodo de Egipto, ya en el mundo espiritual, aprende a participar en la Obra de la Creación y manejar su vida y la realidad en la que existe. 
La vinculación con la Fuerza Superior y el cumplimiento de Pesaj interna y espiritualmente, los siente como un placer eterno y completo.


EL SENDERO ESPIRITUAL DE PESAJ

La Emigración a Egipto, es el lugar en el que el hombre encuentra seguridad y satisfacción materiales. Tiene posesiones, conocimiento, experiencia, estatus, etc., confiado en que esto lo satisfaría para siempre.
Cuando “se levanta en Egipto un nuevo rey”, el hombre ve que todo lo adquirido hasta entonces pertenece ahora al “Rey”, el “egoísmo”, el Faraón.
El hombre, que se sentía libre y feliz, descubre repentinamente que se ha convertido en un esclavo del deseo de disfrutar, que jamás ha entregado algo de sí mismo al prójimo, llenándose de una profunda sensación de vergüenza.
Es incapaz de conectarse a la Fuerza Superior y de ser otorgante como ella. Su trabajo es duro, pero no tiene propósito ni frutos. Todo lo que creyó haber adquirido se desmorona. Y así, las bellas ciudades de Pitom y Ramsés son “tragadas por la tierra”.

Esto lleva al hombre a preguntarse: ¿por qué me pasa todo esto? Y ¿qué debo aprender para salir de esta situación?
Entonces, se revelan dos fuerzas en el hombre:
El egipcio, que piensa sólo en sí mismo y su placer, y
el israelita, que anhela unirse directamente al Creador
(Yashar-directo, Él-Creador, componen en hebreo la palabra, Israel), la Fuerza Superior, la Fuente del Placer.


EN PESAJ, ISRAEL (YASHAR, ÉLPREVALECE SOBRE EL EGO

Cuando el hombre decide fortalecer su aspecto israelí para vencer al egipcio, pide ayuda, como está escrito enla Torá: 
y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre,
y clamaron y subió a Dios el clamor de ellos
por su servidumbre” (Éxodo 2:23). 
Es decir, se dirige a la Fuerza Superior y le suplica que lo libere del dominio del Faraón, el ego.
Así, surge en el hombre la fuerza interna llamada Moisés, que “sacará” (Moisés, de la palabra hebrea Limshot, Sacar”) a Israel de Egipto y les ayudará a dar el salto (Lifsoaj, Pesaj) mencionado.
Aunque Moisés se crió en casa del Faraón y lo conoce, sabe que necesita un milagro, la ayuda de la Fuerza Superior.
Los constantes pedidos de Moisés hacen que el Faraón se oponga más y más a la salida del pueblo de Israel de su dominio. Les hace la vida más difícil y recibe un golpe; les hace trabajar más duro y recibe otro; trata de fortalecer su dominio y recibe golpes adicionales hasta que mediante las Diez Plagas, que son diez discernimientos necesarios, se revelan estas dos fuerzas por completo:

El Faraón debe renunciar al control sobre Israel y reconocer la Fuerza Superior como Gobernante. 
Y el Pueblo de Israel tiene que aceptar que su pedido de auxilio debe ser bien analizado y preciso o no podrá librarse de la carga de su egoísmo.


PESAJ – OPORTUNIDAD DE REDENCIÓN

La redención del egoísmo requiere una preparación meticulosa, ya que se trata de un cambio transformador.
Los cabalistas no esperan el mes de Nisán para festejar Pesaj; nos enseñan cómo librarnos del ego todos los días.
Es decir, Pesaj es un estado interno que experimenta el ser humano. No obstante, la fecha especial en que todo el pueblo festeja es para recordar la Meta principal del hombre: 
Saltar por encima de la naturaleza y llegar a la conexión directa con la Fuerza Superior.
Las luces que afectan el interior del individuo durante Pesaj le ayudan a cruzar, de manera segura, el Mar Rojo, la última barrera ante el dominio del Faraón y le permiten, a quien desee, disfrutar del placer y abundancia que le ha preparado la Fuerza Superior en el Mundo Espiritual, no sólo en Pesaj, sino durante todo el año, independientemente del tiempo y lugar.







miércoles, 29 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES: PURIM, EL LIBRO DE ESTER, EL MILAGRO INTERNO


PURIM, EL LIBRO DE ESTER, EL MILAGRO INTERNO


Al final de El Libro de Ester, el villano
es sentenciado y colgado; pero ¿cuál es
el verdadero significado de esta narración?

El Libro de Ester destaca cuatro personajes principales, que son en realidad dos: Uno es el Rey, Ajashverosh, la Reina, Ester, y los dos individuos que muestran aspavientos, Mordejai (el bueno) y Amán (el malo).
En hebreo, El Libro de Ester se llama Meguilat EsterMeguilat viene de la palabra Gilui (descubrimiento), y Ester viene de la palabra Hester (encubrimiento). 

En otras palabras, El Libro de Ester es sobre descubrir lo que está oculto.

Primeramente, debemos recordar que la sabiduría de la Kabalá explica que en la realidad absoluta hay únicamente el Creador y la Creación que le percibe. La Biblia y otros textos hebreos antiguos, son en realidad escritos en diferentes “lenguajes” que explican los mismos conceptos espirituales que la sabiduría de la Kabalá.
En El Libro de Ester, el Rey es el Creador, evidentemente, pero ninguno de los otros protagonistas es una entidad separada; de hecho, cada personaje es un aspecto de la única creación del Creador.
Este es un concepto clave para recordar porque cambia totalmente de un cuento moralista acerca de cómo lo bueno eventualmente derrota a lo malo, a una alegoría acerca de nuestra relación personal con el Creador. 
De acuerdo a la Kabalá, Ester, Amán, y Mordejai están dentro de nosotros y el Creador es el atributo de benevolencia que necesitamos adquirir si queremos unirnos con Él y ser felices.
La historia comienza con el establecimiento del personaje del hombre bueno, Mordejai. Éste descubre que dos de los sirvientes del rey están planeando asesinarle y le alerta del peligro. Pero la reacción del rey es muy diferente de lo que esperaba ya que lo que hace es ¡promover a Amán en lugar de Mordejai! En nuestra historia, Ester representa el alma colectiva, el total de la Creación. 
Los dos rivales, Amán y Mordejai, representan las dos inclinaciones del alma: La mala, el egoísmo (Amán), y la buena, el altruismo (Mordejai).
Estos roles son la razón por la que el rey asciende a Amán  en lugar de Mordejai: Para escoger el altruismo y entonces unirnos con el Creador uno debe primero darse cuenta de la trampa que significa para nosotros el egoísmo. 

Estamos hechos del deseo de recibir placer. 

Para hacer un cambio hacia el altruismo es imprescindible
percatarnos de que el egoísmo es malo para nosotros, 
y, consecuentemente, querer cambiarlo.

¿Cómo ocurre esto? Poniendo a Amán (egoísmo) una trampa que no pueda resistir, exponiendo su verdadera naturaleza.
Por esta razón, y hasta sus últimas consecuencias, le es dado a Amán más y más poder hasta que no puede resistir la tentación, cuando se le pregunta, “¿Qué debe ser otorgado a un hombre a quien el rey quiere honrar?” y pica el anzuelo.

“Si hay alguien a quien el rey quiera honrar, que traigan
una vestidura real usada por el rey y un caballo que él
ha montado, y que pongan en la cabeza de la cabalgadura
una corona real.
“Luego entregarán la vestidura y el caballo a un alto
dignatario de la nobleza real, vestirán al hombre a quien
el rey quiere honrar y lo pasearán a caballo por la calle
principal de la ciudad, proclamando delante de él: ‘Así es
tratado el hombre a quien el rey quiere honrar‘”.

En el corazón de El Libro de Ester yace el principio más profundo de cómo adquirir espiritualidad: Para descubrir al Creador, prepárate para descubrirte primero a ti mismo ya que la Creación, de la que todos somos parte, está hecha de una sola cosa: 

El deseo de recibir placer y el Creador está hecho de una sola cosa: El deseo de dar; exactamente lo opuesto a la Creación.

Si piensas que el Creador y la Creación son como dos personas es como si una odiase lo que la otra ama. No pueden comunicarse. 
Si queremos comunicarnos, tenemos que ser como el Creador, al menos hasta cierto punto

Cuanto más somos como Él mayor y mejor será nuestra comunicación.

La historia de El Libro de Ester comprende completamente el camino del progreso espiritual que todos debemos recorrer. La belleza de la historia es que no tenemos que entenderla a la primera sino que se va inculcando en la medida que vamos reconociendo su profundo significado.
Esas pocas páginas en la Biblia pueden ser leídas una y otra vez revelando nuevos secretos cada vez. Todo lo que necesitamos asimilar es este simple principio: 

Para descubrir al Creador, prepárate para descubrirte a ti mismo, primero

Cada vez que queramos conocer más al Creador Nos mostrará en su lugar quiénes somos. 
Pero no porque se esconda sino porque tenemos que descubrir el Amán en nuestro interior antes de descubrir la grandeza de Mordejai, quien es el que realmente ama al Creador.

Trabajando de esta manera, mediante este método, garantizamos no solamente que descubriremos al Creador sino la recompensa que Mordejai recibió también a cuenta de sus servicios:

“Tomó Amán la vestidura y el
caballo, vistió a Mordejai y lo paseó por la calle principal
de la ciudad, proclamando delante de él: ‘Así es tratado
el hombre a quien el rey quiere honrar‘”.

Y además, la recompensa final de Mordejai es el gran deseo de Amán: 

“Y el rey cogió su anillo, que había tomado
de Amán, y se lo otorgó a Mordejai”.

Así el bueno, el malo y la bella (la reina) están dentro de nosotros. Para descubrirlos, tan solo tenemos que pedir al Creador, y los recibiremos.












martes, 28 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES: TU BISHVAT, LAS RAICES ESPIRITUALES DE LA JARDINERÍA


TU BISHVAT, LAS RAÍCES ESPIRITUALES DE LA JARDINERÍA

¡Si estás buscando ponerte en contacto
con tu lado espiritual, necesitas comenzar
por las raíces!
¿Por qué es importante querer la espiritualidad
en nuestra vida?

El símbolo que más se asocia con la Sabiduría de la Kabalá es el Árbol de la Vida. La Kabalá, al igual que todos los antiguos escritos, está repleta de ejemplos del reino vegetal. A través de la historia se ha echado mano de los sistemas de horticultura para ilustrar el crecimiento espiritual del hombre. Así, no es sorprendente descubrir que la Kabalá utilice imágenes y ejemplos de nuestro mundo físico para revelarnos profundos procesos espirituales. Esta sabiduría tiene como propósito incrementar el aspecto espiritual (interno) de nuestras vidas, dentro de nuestro trabajo y en nuestros momentos libres. Sabemos que el jardín no florece sin los fertilizantes adecuados, pero si éstos no han sido debidamente elaborados pueden convertirse en una amenaza dentro del jardín. 
Igualmente, la Kabalá nos enseña cómo elaborar nuestros pensamientos para convertirlos en “fertilizantes adecuados” de nuestras almas.

Este benéfico camino nos enseña todo lo que hay
que saber sobre nosotros mismos, nuestras relaciones
con seres queridos, amigos y, sobre todo, cómo mejorar
nuestros lazos con la Naturaleza.


HORTICULTURA ESPIRITUAL

Al igual que el árbol, para dar frutos (espirituales), y alcanzar lo antes mencionado, tú y yo debemos hacer el mismo trabajo requerido para árboles y plantas. Si fertilizamos, desherbamos y cultivamos todas las partes de nuestras almas que necesitan cultivarse, nuestra espiritualidad se intensificará y llenará nuestras vidas de gozo. Si nos esmeramos en realizar este cultivo seremos:

“como el árbol plantado al lado de corrientes de agua, que da su fruto en la estación y cuyas hojas no se marchitan; y serán prósperos en todo lo que emprendan” [Salmos 1:3].

Por lo tanto, ¿Qué es lo que tenemos que hacer con nuestras “plantas” internas para hacerlas crecer de manera frondosa?


ESCARBAR

En la espiritualidad, cavar con el azadón significa examinar el interior de nuestra alma. 
Según la Kabalá, sólo ahí, dentro de nosotros mismos, descubriremos por qué venimos a este mundo. Las respuestas a todas las interrogantes en nuestra vida se encuentran en lo profundo de nuestro ser. Si queremos hallarlas debemos escarbar dentro de nuestras almas para que afloren.



EXTIRPAR LAS CALLOSIDADES

Una callosidad es un defecto superficial. Puesto que la espiritualidad concierne a la relación de la persona con la Naturaleza, se trata de un proceso muy íntimo, por lo que es conveniente guardar nuestras reflexiones espirituales para nosotros mismos. Cuando te encuentres trabajando en tu jardín, nadie necesita saber lo que pasa por tu mente. Está bien si piensas en fertilizar si es justo lo que estás haciendo físicamente. Pero, si al mismo tiempo fertilizas tu alma, obtienes una ganancia doble:
en el jardín espiritual de tu alma y en tu jardín físico. 
Y si deseas que los frutos espirituales sean de larga duración, guárdalos bien en tu interior.


QUITAR EL EXCESO DE HOJAS

Mientras estudiamos la Kabalá con el fin de redescubrir la Naturaleza, nuestros esfuerzos, deseos e intenciones se llaman “hojas”. Una vez establecida esta relación con la Naturaleza, estos esfuerzos, deseos e intenciones se convierten en “frutos”. No cambiamos lo que somos, sino en lo que enfocamos nuestra atención: 

la espiritualidad significa enfocarse en la Naturaleza mientras que la corporalidad significa enfocarnos en nosotros mismos.

Las hojas son muy importantes. Son hermosas, nos dan sombra y protegen al fruto mientras está creciendo. Las hojas en exceso agotan el agua y la energía del árbol, pero necesitamos una cantidad suficiente para ayudar al fruto a crecer grande y jugoso.
De igual forma, cuando estás aprendiendo a ser espiritual no te asombres si no estableces una conexión con la Naturaleza rápidamente, tus “hojas internas” la están ocultando de ti. Aún cuando no seas consciente de esto, protegen los frutos que ya están creciendo en tu interior, escondidos entre el follaje.


EMPOLVAR

Empolvar en hebreo (el lenguaje original de la Kabalá) quiere decir cubrir con polvo o arena. También significa batallar. Para relacionarse con la Naturaleza es indispensable tender un puente sobre la barrera que separa nuestro mundo del mundo espiritual. Venimos aquí totalmente centrados en nosotros mismos y para poder relacionarnos con la Naturaleza, necesitamos centrarnos en ella. 
Y tendremos que batallar, porque nuestra naturaleza inherente se opone a enfocarse en la Naturaleza y nos envía pensamientos contrarios. Nuestro trabajo es “cubrir con polvo” estos pensamientos y enterrarlos bajo la convicción de la importancia y el mérito de nuestra meta.


AGUA

El agua existe arriba –en el cielo– y abajo –en la Tierra. Es el ingrediente principal de todo lo que tiene vida. Por tanto, no es sorpresivo que el agua represente también a la Naturaleza o más precisamente, la misericordia.
Así como la Naturaleza es omnisciente, el agua también contiene toda la información en el universo.
Las plantas saben cómo usar esta cualidad del agua y ésta les dice cuándo es tiempo de florecer.
Para crecer, una planta necesita sólo agua y minerales que la mayor parte de las veces extrae del agua misma. No existe otra sustancia que tenga la capacidad de ser la única causa de vida y crecimiento como el agua. El ciclo hidrológico permite al agua conectar a los mundos de “arriba” con los de “abajo”, tal como lo hace el Creador en la espiritualidad. Así, saber cuánto y cómo regar una planta es la única y más importante información que necesita el jardinero.


SER UN JARDINERO ESPIRITUAL

De todo lo comentado, es claro que la jardinería física no es como cualquier otro pasatiempo. Es un compromiso serio de raíces profundamente espirituales. La jardinería espiritual, sin embargo, tiene el propósito más noble y puede elevar a las personas que la practican a los reinos ocultos de la existencia donde nuestras almas se encuentran conectadas entre sí y con la Naturaleza que
las creó, en amor eterno e infinito.





lunes, 27 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES: JANUCA Y LA KABALÁ


 JANUCA Y LA KABALÁ


Vivimos en un mundo muy complejo,
una vorágine. Tratamos de huir de los
sufrimientos, pero sólo de vez en cuando
logramos saborear placeres en nuestra
vida. No sabemos si hay algún plan
en la Naturaleza para nosotros. Es una
existencia bastante intrascendente.

Cuando investigamos todos los elementos de la Creación vemos qué inteligente, sabia y especial es habiendo creado todo con un propósito, una causa y un efecto. Sabemos cómo indagar los niveles inferiores al nuestro: inanimado, vegetativo y animal. Sólo la razón de la existencia del ser humano permanece desconocida.
Por eso los conocimientos acerca de la sociedad, del carácter humano y la psicología no se han
convertido en una ciencia sino en una acumulación de observaciones recolectadas a través de nuestras vidas.
La Sabiduría de la Kabalá es muy antigua, desarrollada por Abraham el Patriarca hace 5.000 años. Nos enseña que para saber cómo comportarnos y evolucionar primero tenemos que estudiarnos a nosotros mismos y a nuestra sociedad.
Nació cuando la humanidad comenzó a formar su primera civilización, en la antigua Babilonia. Las personas querían, por orgullo, construir una torre que llegara al cielo para poder dominar a la Naturaleza y dejaron de entenderse entre sí.

Abraham, que en realidad era uno de ellos, les dijo:
Esta no es la manera correcta de actuar y vamos a fallar.
Nosotros no conocemos la Naturaleza y no podemos seguir
nuestro ego creciente. Tenemos que ir por otro camino.
Es decir, aunque el ego siga creciendo tendremos que
volver a crear, por encima de él, las mismas relaciones
que teníamos antes”.
Verán que si así lo hacemos, si lo usamos para llegar
al ‘amor hacia el prójimo’, descubriremos precisamente
dentro de él, dentro de nuestra naturaleza, una reglamentación:
¡leyes maravillosas de la Naturaleza!

Al superar su propio egoísmo –incorporando el altruismo– Abraham descubrió las leyes de la Naturaleza Superior, llamadas así porque superan al “ego”.
Por ayudarle a recibir la revelación de la naturaleza verdadera del hombre y de cómo es activado, llamó a este método: “La Sabiduría de la Kabalá”, de lekabel (recibir, en hebreo).
Luego, empezó a enseñarla a los demás babilonios y estableció su grupo de cabalistas que con el tiempo se convirtió en una nación. 
Después de haber llegado a la tierra de Israel –comportándose de la manera enseñada por Abraham y Moisés– volvieron a experimentar un crecimiento de ego, tratándose uno al otro con menosprecio en vez de tener relaciones de “amor recíproco”, la “garantía mutua”, “ama a tu prójimo como a ti mismo” y “como un solo hombre con un solo corazón”, que habían alcanzado cuando recibieron la Torá.
Y como las fuerzas espirituales son las que determinan los hechos en el reino físico, al empezar a tratarse de forma egoísta causaron lo mismo en la exterioridad facilitando el ataque de sus vecinos, los griegos.
Surgió un problema aún más grave con los helenistas, que estaban mezclados con los judíos. Una parte del pueblo quería seguir la Torá de Abraham y la otra dijo: “No. No somos capaces de superar nuestro ego; tenemos que ser como el resto de las naciones”. Querían vivir de acuerdo al ego como los babilonios en su tiempo.
Lucharon entre ellos hasta que el Gran Sacerdote Matityahu se levantó, como Abraham en su tiempo, usando el mismo método, y dijo: “No. No podemos aceptarlo. Tenemos que destrozar toda esta nueva infraestructura griega. Debemos elevarnos por encima de ello y volver a ser ‘una sola nación con un solo corazón’ hacia el Creador, esta fuerza preciosa, buena y benévola, la fuerza del amor”.
Y así se levantaron, lucharon y prevalecieron. Todo lo que sucedió con Abraham en Babilonia,
luego con Moisés y Matityahu, es la misma lucha: el ego empieza a intensificarse obligándonos a elevarnos por encima de él con amor, y así prevalecemos.
El pueblo de Israel – llamado así (Yashar- directo, Él- Dios) porque sabe cómo elevarse por encima del ego, hacia el amor – no pudo superarlo y cayó bajo su dominio causando la destrucción del Templo la cual continúa hasta ahora.
Los hijos de Israel se levantan de nuevo apoyándose en el mismo método que desarrolló Abraham, diciendo:
¡Oye, pueblo judío! ¡Vamos! Elevémonos de nuevo
a nuestro nivel, en el que realmente existimos como ‘la
nación de Israel’, como ‘un solo hombre con un solo corazón’,
y venceremos a nuestros enemigos: los griegos, los
amalequitas, los nazis; todos, hasta el último. ¡Esto es lo
único que nos podrá salvar!

No se trata de hacer guerras con ninguno de ellos; nuestra unificación es una condición para triunfar como nos enseñó Abraham, Moisés (en la escena de la entrega de la Torá) y Matityahu: “Tenemos que matar a los griegos entre nosotros”. Es decir, los deseos de permanecer sumergidos en el egoísmo. “Tenemos que elevarnos por encima de ellos y unirnos en un amor fraternal”.
De ahí llegará la victoria sobre todos los extraños. Toda la humanidad va a reconocernos como el “pueblo elegido”, especial, sagrado, que significa “el otorgante”, el que otorga el amor, el “pueblo altruista”. ¡Si llegamos a eso, lograremos la gratitud de todo el mundo!

Esa fue la fiesta de Januca en la historia, y es la misma Januca que tenemos que realizar hoy día como judíos entre todos los helenistas, los deseos helenistas dentro de cada uno de nosotros. Tenemos que resolver el problema con nosotros mismos, en nuestro interior, dentro de todos y cada uno de nosotros.
La Kabalá nos explica que el milagro de Januca simboliza el éxito alcanzado al pasar por encima de los deseos que nos desvían del camino hacia la espiritualidad. Al superar nuestro propio egoísmo incorporando el altruismo logramos la unión con el Creador.
Muchas veces participamos de las fiestas de manera mecánica sin detenernos a pensar cuál es su propósito y simbolismo. ¿Nos hemos preguntado cuál es la raíz espiritual de Januca?, ¿por qué encendemos velas, y quiénes fueron los griegos? El comprender su significado, visto desde un plano superior, nos abre las puertas a un mundo maravilloso, amplio y profundo, en el que prevalece la unión de los seres humanos como un todo integrado.
Para lograr penetrar en esa nueva dimensión, a través del conocimiento de las fuerzas superiores que actúan sobre nosotros, es importante entender que hay una raíz en el mundo espiritual para todo lo que existe. Dicha raíz motiva nuestro comportamiento, nuestros pensamientos y emociones, así como los diferentes eventos que experimentamos aquí en el mundo terrenal.
Las festividades que se celebran mantienen una estrecha relación con las fases de desarrollo del alma. Las velas de Januca simbolizan la Luz de Misericordia que uno adquiere cuando ha alcanzado el Mundo Espiritual. La Luz se incrementa gradualmente por lo que se enciende una vela extra cada día.
Los griegos son los deseos que nos incitan a permanecer sumergidos en el egoísmo. Al unirnos en un amor fraternal, como un solo hombre con un solo corazón, logramos vencer esas fuerzas que nos impiden avanzar en nuestra lucha por superar el ego.


FASES DE RECONEXIÓN

La sabiduría de la Kabalá nos dice que Januca está relacionada con la rehabilitación del Templo. Desde el punto de vista espiritual, el Templo significa el lugar donde el Creador y la criatura se unen. Por lo tanto, su destrucción (profanación, en el relato de Januca) se refiere a la ruptura de esta adhesión entre ambos. Esa unificación es la que los cabalistas están tratando de reconstruir.
Hay dos fases de reconexión. 
En la primera, el individuo aprende cómo elevarse por encima de la naturaleza egoísta que caracteriza a todo ser humano logrando así la formación de una vasija (Kli, en hebreo) con la cual se unirá al mundo espiritual. Esta es la fase de Corrección. La fiesta de Januca está relacionada
con esta etapa, por lo que su nombre se puede dividir en dos: Janu (se estacionaron, en hebreo) Ca (de la palabra “acá”, en hebreo), lo cual simboliza un descanso; es decir, el descanso que el humano toma entre ambas fases del sendero espiritual, una vez que se haya corregido su vasija y antes de empezar a llenarla con la Luz en la segunda fase.
Este proceso se desarrolla como en el caso de una persona sedienta que sostiene en su mano un vaso quebrado. Primero debe repararlo antes de poder llenarlo y tomar de él. Quien se siente separado de la espiritualidad debe primero enmendar su unión con el Creador antes de que pueda recibir las bondades que Él desea otorgarle. Es entonces cuando decimos que se ha llegado a la fase de Recepción alcanzando el ser humano la capacidad de recibir grandes placeres mediante la nueva herramienta adquirida en la fase de corrección.


SE REALIZA EL MILAGRO

Los griegos no querían exterminar a Israel físicamente ni lucharon por la dominación materialista sino por la espiritual. Deseaban colocar estatuas hechas por el hombre en el Templo y forzar a Israel a hacerles reverencia.
El gran sacerdote Matityahu, el líder de los Macabeos, se opuso rotundamente. Liderados por él lucharon y derrotaron a los griegos, es decir, vencieron los deseos egoístas que empujaban al pueblo a pensar que no valía la pena cumplir las leyes de la naturaleza, o sea, unirse pasando por encima del egoísmo, para comulgar con el Mundo Superior.
Mientras más fuertes se volvieron los griegos más poderosa se tornó la fe de Israel. Esta guerra se prolongó hasta que apareciera un hecho milagroso que pudiera marcar el triunfo de Israel.
 El milagro ocurrió.
El milagro de Januca representa el éxito en el logro de la adhesión, de la unión con el Creador. 
Tras la victoria de Israel, por medio de la aplicación del método de corrección establecido mucho antes por Abraham el Patriarca – la sabiduría de la Kabalá – volvió a prevalecer el principio de “ama a tu prójimo como a ti mismo”.
Israel se interpreta como la fuerza que nos lleva directamente al Creador. Isra viene de la palabra Yashar (directo, en hebreo), y Él es la palabra hebrea para referirnos a Dios. Por lo tanto, la palabra Israel significa, en conjunto, “directamente a Dios”, la razón espiritual detrás de este mundo, de hecho, la Meta de nuestra existencia sobre la Tierra.


LO LARGAMENTE ANHELADO

La victoria sobre los griegos constituye el cimiento del camino de cualquier criatura en el reino espiritual. Este sendero nos permite cumplir las correcciones que nos llevarán a la frontera final, la eterna abundancia que el Creador ha preparado para todos.
Los cabalistas describen en sus libros que más allá de lo que captan nuestros cinco sentidos, existe un mundo bello y encantador, en el que tenemos la oportunidad de controlar, en forma consciente, nuestras vidas para alcanzar un placer supremo, la plenitud. Si seguimos sus huellas, esforzándonos en lograr la conexión espiritual entre nosotros, con el propósito de apegarnos a la Fuerza Superior, llegaremos a experimentar dicha abundancia y felicidad, todos y cada uno de nosotros.








domingo, 26 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES: CUATRO ESPECIES Y UNA SUCÁ


CUATRO ESPECIES Y UNA SUCÁ


Desde el punto de vista espiritual, la
fiesta de Sucot marca uno de los puntos
críticos en la evolución espiritual:
la primera entrada de Luz dentro del
alma. Esta Luz es llamada “Torá”, y
llenarse con ella proporciona una gran
felicidad. Por eso, la fiesta siguiente
a Sucot, que marca la recepción de la
Torá, se llama Simjat Torá (La alegría
de la Luz).

Las medidas y el emplazamiento físico de la Sucá –o Cabañas– que corresponden a las usadas por nuestros antepasados en el Desierto del Sinaí, nos fueron dadas, como todas las otras Mitzvot, por cabalistas. Las Mitzvot (mandamientos o preceptos) son las leyes de los Mundos Superiores
que se nos fueron transmitidas a este mundo. Cada Mitzvá (singular de Mitzvot) que realizamos en este mundo representa una ley espiritual de los Mundos Superiores.
Los cabalistas observan estas leyes dentro de la esfera espiritual de sus almas y experimentan las fiestas como una forma más elevada, eterna y completa de existencia.
Para poder realizar un acto espiritual tenemos que haber adquirido un Masaj (pantalla). Esto significa que hayamos alcanzado la habilidad de trascender nuestros propios deseos egoístas, y que hayamos recibido, como resultado, una única clase de placer, llamada “la Luz del Creador”. 

Cada vez que actuamos con una intención pura de otorgar, realizamos, de hecho, un “acto espiritual.

Inversamente, cuando ese mismo acto es realizado para complacernos, se lo considera como un acto corporal y egoísta.


LA SUCÁ ESPIRITUAL

La Sucá en la espiritualidad, es la estructura del Kli (vasija) que es capaz de recibir Luz. Dicho de otra forma, la Sucá simboliza el alma. Para recibir la Luz Superior debemos construir dentro de nosotros una estructura espiritual, llamada Sucá  reflejando nuestras relaciones recíprocas con la Luz.
Mientras el alma va pasando por el proceso de corrección es incapaz de recibir la Luz Superior en Su total magnitud. Por lo que esta Luz permanece “alrededor” o fuera de ella, aguardándola, y de ahí su nombre: “Luz Circundante”. Para que la Luz pueda entrar y llenarla, el alma debe igualar sus cualidades con las de la Luz. Y como la cualidad de la Luz es el amor, para asemejarse a ella, uno debe trascender su propio egoísmo y llegar a ser igual a la cualidad de la Luz –amor y otorgamiento.
El modo mediante el cual el alma alcanza estas propiedades de semejanza con la Luz es representado por las leyes de construcción de la Sucá
Si deseamos avanzar en la espiritualidad, debemos pedir sólo dos cosas: unidad y amor hacia el Creador, en lugar de simplemente empaparnos con el placer de Su Luz y nada más. 
Esto requiere que poseamos la pantalla (Masaj) que nos proteja del placer egoísta que recibimos cuando sentimos la Luz del Creador. La adquisición de esta pantalla, entonces, se indica mediante la edificación del techo de paja de la Sucá.
En la medida que nuestra petición se centre sólo en adquirir las habilidades de amar y otorgar a los demás, la Luz Circundante corregirá nuestras almas, concediéndonos el poder de trascender todos nuestros deseos egoístas.
El poder del techo de paja nos permite recibir la Luz Superior dentro de nuestras almas. En tal estado nuestras cualidades se tornan iguales a las del Creador y logramos unirnos a Él en amor eterno. 
Ésta es la verdadera felicidad, la alegría de la Torá: Simjat Torá.


LAS CUATRO ESPECIES

Las cuatro especies que se usan en la fiesta de Sucot representan cuatro estados que experimentamos a lo largo del crecimiento espiritual. Cada uno de ellos se distingue por tener aroma y sabor, por tener sólo aroma, por tener sólo sabor, o por no tener ninguno de ellos.
El aroma denota la mente y el gusto representa el corazón:
1• Algunas veces la espiritualidad parece agradable a
ambos, mente (aroma) y corazón (sabor). Los cabalistas
llaman a este estado Etrog (cítrico).
2• En otros momentos uno piensa que la espiritualidad
es apasionante pero difícil de comprender. En ese
estado, se la considera con “sabor”, pero sin aroma. Los
cabalistas llaman a este estado Lulav (rama de palma).
3• Otras veces, la espiritualidad se experimenta como
fragante pero sin sabor, como el Hadas (mirto). 
Su importancia está muy clara, pero mientras que el corazón no
puede sentirlo, la mente sí es capaz de comprenderlo.
4• Finalmente, cuando uno no puede sentir ningún
aroma ni sabor en la espiritualidad, uno se encuentra en
el estado de Aravot (sauce).

Para poder avanzar en la espiritualidad, sin embargo, debemos dirigirnos hacia el Creador incluso cuando nos hallemos en un estado en que no sintamos ni aroma ni sabor en la espiritualidad. Eventualmente, el unir todos los estados hacia un objetivo común nos proporcionará la habilidad para recibir y experimentar un verdadero placer espiritual ilimitadamente y en todas las circunstancias.

viernes, 24 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES: ROSH HASHANÁ (AÑO NUEVO ESPIRITUAL)




ROSH HASHANÁ (AÑO NUEVO ESPIRITUAL)


“…el rezo tiene que realizarse en el corazón…
O sea, que el corazón esté de
acuerdo con lo que el hombre expresa
con sus labios… ‘porque el hombre
mira con sus ojos, y el Señor ve el corazón’ ”.
[Rabí Baruj Ashlag, “Shamati 122”]

De acuerdo a la sabiduría de la Kabalá, las fiestas de Israel nos describen de manera simbólica el proceso del desarrollo espiritual de cada persona. Éste es un proceso circulatorio llamado “año”, lo cual significa que en cada nueva situación, el individuo pasa las mismas experiencias, solo que de manera más profunda y clara, ayudándole a entenderse mejor a sí mismo. Así se cambian en el cabalista 6.000 estados de desarrollo espiritual, hasta que consigue sentir todos los placeres que un ser humano puede experimentar.
Con el pasar de estos “años”, el cabalista se tropieza una y otra vez con situaciones que le ayudan a subir al próximo peldaño. Los cabalistas llamaron a estas situaciones ‘’fiestas, feriados y Sábados’’.
La sabiduría de la Kabalá describe la realidad que está oculta de nosotros la cual es revelada a la persona en el trayecto de su desarrollo espiritual. Le ayuda al cabalista a comprender cómo fue creado el hombre y para qué vive.
Esta investigación se ha estado realizando miles de años por muchos cabalistas que vivieron a lo largo de las generaciones, desde la época de Abraham el Patriarca hasta nuestros días. 
El conocimiento que se acumuló fue transmitido de generación en generación, en forma escrita y oral. Los libros de Kabalá escritos en el transcurso de los años describen los alcances espirituales a los que llegaron los escritores. En nuestros días, cualquiera de nosotros puede llegar a estos logros.


ADAM HARISHÓN (EL PRIMER HOMBRE)

La Torá nos cuenta que el mundo fue creado en un trayecto de seis días, seis pasos de cambio entre la luz y la oscuridad. En el sexto día fue creado “Adam HaRishón (el Primer hombre)”, y precisamente antes del Sábado él pecó y fue expulsado del ‘’Paraíso’’. 
Adam HaRishón simboliza un estado de perfección, de unión de todas las almas. 
Puesto que pecó, se dividió su alma en miles de partes –es decir, almas–, las cuales se desconectaron una de la otra. En cada uno de nosotros existe una de estas miles de almas. Nuestro deber es unir a todas en una sola, el alma de Adam HaRishón. De esta manera podremos corregir su “pecado” y regresar al “Paraíso”.
La fecha de Rosh HaShaná (el Año Nuevo del calendario judío), nos recuerda que tenemos que empezar a corregir nuestras almas, devolviéndolas a su estado original, a la integridad.
El individuo que comienza su corrección espiritual en la parte del alma de Adam HaRishón que se encuentra en él, descubre durante los primeros diez días – en los que experimenta los diez estados espirituales –, la diferencia entre su estado actual y el estado perfecto, del cual cayó su alma.
Y así él llega a la corrección de su alma que está compuesta de 10 Sefirot las cuales simbolizan los diez días de Teshuvá (Días de correción y arrepentimiento). Cuando él entiende la magnitud
de la diferencia entre ambos estados, pide fuerzas de corrección y siente que necesita expiación. Este estado se llama en la espiritualidad “Yom Kipur (Día del Perdón, del cual se deriva la palabra Kapará-Expiación, en hebreo).”
Y este es el orden de los estados espirituales que pasa el hombre: De Rosh HaShaná (Año Nuevo) hasta Yom Kipur (Día del Perdón), revela el hombre qué es lo que tiene que corregir.
En Yom Kipur pide las fuerzas que le ayuden a corregirse; en Sucot, recibe estas fuerzas y pasa la corrección; y en Simjat Torá (el Recibimiento de la Torá) termina con alegría y júbilo el trabajo de unir las partes del alma de “Adam HaRishón”.

Puesto que se habla de estados internos que no dependen de los días del año, el cabalista puede pasar un año entero en un lapso de dos días corporales, por ejemplo.
El ritmo de los cambios internos determina la duración del proceso. De acuerdo a esto, es importante recordar que el Año Nuevo (Rosh HaShaná) corporal es sólo una evocación del estado espiritual que éste representa. Un cabalista puede estar en un estado llamado “Año Nuevo Espiritual” también en cada día corriente de la semana. Cada cabalista pasa en total 6.000 años de cambios en el trayecto de su vida, hasta que llega al estado en el cual termina la corrección de su alma, su parte individual de Adam HaRishón.
Así completa el cabalista su rol, y no necesita reencarnarse más.

“… resulta de esto que todo aquel que nace, nace
sólo con una pequeña fracción de la parte del alma de
Adam HaRishón, y cuando corrige su parte ya no necesita
volver a reencarnarse. Por lo tanto, el hombre no
puede corregir sino sólo la parte que le pertenece y
sobre esto se escribió en el libro ‘Árbol de la Vida’ del
Arí: ’no hay día parecido a su amigo y no hay momento
parecido a su compañero, y no hay un hombre parecido
a otro... sino, cada uno tiene que corregir la parte que le
pertenece’ ”.
[Rabash, artículo “A qué grado tiene que llegar el ser humano”]






jueves, 23 de octubre de 2014

LA RAÍZ ESPIRITUAL DE LAS FESTIVIDADES : LAS FIESTAS DE TISHREI, EL HOMBRE Y LA KÁBALA



 LAS FIESTAS DE TISHREI, EL HOMBRE Y LA KÁBALA

El más grande cabalista del Siglo XX,
Rabí Yehuda Ashlag, Baal HaSulam,
afirmó que el “Nuevo Año” de toda la
humanidad comenzó hace unos 500
años, con el fallecimiento del ARÍ
(Rabí Yitzhak Luria Ashkenazi), 
en el Siglo XVI.

El ARÍ había revelado aquella parte de la sabiduría de la Kabalá que le permite a cualquier persona, desarrollar el Punto en su Corazón. Durante los años en los que vivió y enseñó en Safed, se había iniciado una nueva corriente del pensamiento humano además del comienzo del desarrollo tecnológico. Hoy día, 500 años después de ese cambio en las áreas del pensamiento, sociedad, ciencia y tecnología, el avance no nos ha proporcionado una vida mejor, al contrario, parece que el plano de la felicidad está retrocediendo. Sufrimientos, hambrunas, brechas sociales y odio se están intensificando año tras año, añadiéndose a la desesperación y sensación general de haber perdido el camino; la crisis mundial sumada a las crisis personales que estamos experimentando actualmente.
Según la Kabalá, este estado grave que estamos presenciando es una preparación para el próximo grado en nuestra evolución, la primera parada en el nuevo trayecto espiritual de la humanidad.
El Año Nuevo abarca un nuevo comienzo personal y universal. Como un embrión que rehúsa apartarse de la matriz de su madre, estamos sufriendo los dolores del parto espiritual, contracciones que nos presionan a renacer a una nueva realidad, descubriendo la Luz conjuntamente.


HITOS EN EL TIEMPO Y EL ESPÍRITU

La manera en que usamos nuestro ego para alcanzar alguna ganancia a cuenta del prójimo, transgrede la base delicada y armoniosa que sostiene a la realidad. Las fiestas del mes de Tishrei –desde Rosh HaShaná (el Año Nuevo) hasta Simjat Torá (La alegría de la Torá)–, simbolizan los hitos en el sendero espiritual del individuo; el proceso de corrección del egoísmo, de manera personal y global.
En el Mundo Espiritual, el tiempo carece de significado común. Quien investiga su mundo espiritual pasa por estos hitos –paradas en el tiempo que son las fiestas–, independientemente del calendario. Es decir, el “Año Nuevo Espiritual” es un estado que puede ocurrir en cualquier momento.


LOS RITOS DE LAS FIESTAS SIGNOS Y SÍMBOLOS

Cuando el individuo progresa de una etapa a otra y asciende al próximo escalón, va desvelando nuevos y más profundos aspectos de la realidad. Según la Kabalá, las costumbres de las fiestas –actos
espirituales que realiza el ser humano cuando asciende al Mundo Espiritual– además de mantener la tradición de Israel, nos recuerdan nuestro rol espiritual y la corrección verdadera a desempeñar: cambiar nuestra actitud hacia los demás, de recibir para mí mismo a otorgar, o sea, el amor al prójimo.
El proceso de descubrimiento espiritual se divide en varias etapas: 
La primera es llamada “Rosh Jodesh Elul” (Principio del mes de Elul). Elul son siglas de la expresión “Yo soy de mi amado y mi amado es mío” (en hebreo), que tiene un significado cabalístico profundo. Simboliza aquella “equivalencia de forma” en las relaciones del ser humano con Él. “Yo soy de mi amado”: si deseo darles alos demás y amarlos como esa Fuerza (mi amado), entonces“…y mi amado es mío”: recibo toda la Abundancia Superior que esta Fuerza quiere otorgarme, pasando por mí hacia los demás.
El mes de Elul es nuestra determinación inicial de alcanzar la equivalencia de forma con el Creador: poner en práctica la expresión, “Yo soy de mi amado y mi amado es mío”.

Rosh HaShaná (Año Nuevo) es la segunda etapa, de donde el individuo comienza su investigación en cada nuevo escalón espiritual hacia el cual avanza. El ser humano se embarca en el sendero espiritual con una pregunta en su corazón: “¿Cuál es el propósito de mi vida?”, punto donde ya necesita ciertas herramientas para auto-examinarse, descubre que existe un sistema de leyes que opera la realidad, y comienza a transformar su naturaleza.
Entre la etapa de Rosh HaShaná y Yom Kippur (Día del Perdón), existe una etapa media llamada: “Los Diez Días de Arrepentimiento”.
La Kabalá explica que existen en el individuo 10 características básicas que componen su esencia interna. En esta etapa media, descubre con mayor intensidad que la razón del sufrimiento en su vida es su propia naturaleza; entonces, está listo para la próxima corrección, El Día del Perdón.

Las cinco restricciones en la recepción de placer que asume el hombre en Yom Kippur, simbolizan la resolución de corregir su egoísmo: ayuno, relaciones sexuales, uso de zapatos de cuero, baño, transporte.
De acuerdo a la Kabalá, la Sucá (cabaña) representa la estructura del alma. La habilidad de contener la Abundancia destinada para nosotros, y la paja simboliza el poder de superar el egoísmo.
Según la tradición, las ramas de paja deben ser desechadas, representando el proceso en nuestro interior: primero, la necesidad de amar a los demás nos disgusta, como aquellas ramas desechadas de la Sucá. Pero al avanzar en su camino espiritual, el hombre cambia su trato a los demás, y se percata que esto lo acerca a entender la Fuerza Superior que opera en la realidad.
Durante los siete días de Sucot, el hombre se eleva por encima de su egoísmo, atributo por atributo, cada día, anhelando más el amor al prójimo y la conexión con el Creador.
Los atributos son representados por los Ushpizín (visitantes) de la Sucá.
El apogeo de este proceso produce un estallido de alegría durante la próxima etapa de corrección: Simjat Torá (La alegría de la Torá). Entonces el individuo cumple la corrección de su alma –total semejanza de atributos con la Fuerza Superior, llegando finalmente a llenarse de alegría y abundancia ilimitadas.