EL ALMA NO TIENE EDAD
Esta época, en la que se pone en tela de juicio el sistema educativo por su incapacidad para formar adultos maduros y seguros, es el momento propicio para que las escuelas consideren el estudio de la sabiduría ancestral de la Kabalá.
Una transformación real y duradera en el sistema educativo requiere de planes de cara a las próximas dos generaciones, empezando por explicar a los jóvenes cuál es el significado de la vida.
Por medio de la Kabalá los retos que enfrenta el sistema educativo pueden solucionarse de manera efectiva. La alternativa está frente a nuestros ojos.
EL PODER DE LA EDUCACIÓN
La finalidad de la educación no es saturar el cerebro de los niños con conocimientos e información. La enseñanza debería ponerlos en contacto con el proceso especial que llamamos “vida”. ¿Para qué vivimos? ¿Cómo y por qué ocurren las cosas? ¿Exíste o no el libre albedrío?
Las respuestas deberían encontrarse dentro del proceso educativo de nuestra juventud. Poner a disposición de nuestros hijos herramientas prácticas para enfrentar la realidad cotidiana, implica
ilustrarlos sobre las leyes que rigen la naturaleza. Nada fue creado sin un objetivo preciso. Todo tiene una razón de ser. ¿Es lógico pensar que los seres humanos, la cumbre de la Creación, fueron creados sin propósito alguno? Por supuesto que no. El único problema es que lo desconocemos.
Si explicamos a nuestros jóvenes el Propósito de la Creación, cambiará su actitud hacia la vida. Comprenderán que si contravienen los designios de la naturaleza sufrirán.
Por ejemplo, la Kabalá nos explica que además de las leyes que ya conocemos –como las consecuencias de poner la mano al fuego–, hay otras aún desapercibidas, pero que nos afectan, y tenemos la capacidad de descubrirlas.
¿No convendría, entonces, enseñar a los pequeños
aquello que les garantizará un futuro mejor?
ANTÍDOTO CONTRA LAS DROGAS Y EL ALCOHOL
La Kabalá explica que cada generación es más evolucionada que la anterior, tiene otros deseos, sueños, aspiraciones más altas, un nivel de egoísmo más elevado que el de sus padres. Los intereses del pasado parecen vacíos y sin sentido puesto que ya no satisfacen las necesidades actuales de la juventud. Por eso, rechazan la educación tradicional y muestran desinterés por la vida.
Tenemos que conocer el proceso y aprender a manejarlo. Sólo adaptando nuestro sistema educativo al nivel de la evolución (egoísmo) de nuestros hijos tendremos la posibilidad de transformar el deterioro de la juventud contemporánea.
CABALÁ PARA LOS NIÑOS
El mensaje de la sabiduría de la Kabalá debe adaptarse a cada generación por medio de juegos e historias. Si explicamos a los niños cómo funcionan las cosas por debajo de la superficie, sentirán que se les revelan nuevos canales y alternativas en la vida. La verán desde un nivel ligeramente más profundo, captando el mensaje natural y fácilmente. No es difícil explicar que hay algo oculto a nuestros sentidos, fuerzas más sutiles en nuestro mundo que las que percibimos que debemos tomar en cuenta; hileras inherentes en la naturaleza, las cuales los adultos nos hemos acostumbrado a pasar por alto.
Los pequeños continuarán con su vida cotidiana, excepto que ya sabrán que hay un orden sistemático más elevado que les dará una riqueza de conciencia más amplia para contemplar la vida. Ya no se sentirán frustrados y desorientados, no necesitarán de estrellas del pop como modelos de conducta, sino que crecerán encontrando sus propios senderos en busca de la plenitud.
Los cabalistas a través de los tiempos nos han dado instrucciones para enseñar la Kabalá a los niños, quienes la entienden con más facilidad que nosotros. De hecho, los pequeños naturalmente presienten que la vida no empieza o se termina en nuestra existencia física actual. Tienen la sensación de que hay algo más allá. El alma no tiene edad, y la única manera de corregirla: mediante el estudio de los libros auténticos de Kabalá. Las fuerzas espirituales ocultas en los textos guían nuestra alma hacia un estado perfecto. Aunque a veces los libros parezcan a algunos adultos difíciles de comprender, los niños no se desaniman; absorben el conocimiento natural y directamente.
Hay un inmenso poder en esta sabiduría. Y desde el momento en que uno la estudia, este poder se hace presente para transformar y mejorar nuestra existencia.
Necesitamos dar a nuestros hijos un “boleto para la vida”, y la Kabalá nos puede ayudar.
Cuando ellos comprendan los procesos que van experimentando, cambiarán muchas cosas en su vida para bien. Descubrirán un nuevo mundo, una nueva dimensión de su existencia, por encima
de la parte física, y crecerán en un ambiente de confianza y amor. Estoy convencido de que si lo hacemos alcanzaremos nuestro propósito de hacerlos felices.
EL AMOR DESCIFRADO
Todos nosotros, independientemente de nuestros orígenes, hemos experimentado el sentimiento de profundo enamoramiento, al menos una vez en la vida. El amor es ciego. Cuando estamos
enamorados, no encontramos errores en la persona amada, justificamos todo lo que hace, y sólo vemos lo mejor de él o ella.
Sin embargo, la mayoría de nosotros sabemos que la “burbuja de amor” inevitablemente se revienta, y viendo en retrospectiva nos preguntamos: “¿Era el amor que sentía sólo una ilusión? O ¿Por qué no puedo sentirme ahora tan bien como antes, cuando estaba enamorado?”
EL AMOR : ¿QUÉ ES EN REALIDAD?
La sabiduría de la Kabalá presenta una explicación innovadora al dilema del amor. Explica que la razón por la cual nos sentimos bien, precisamente cuando experimentamos “esa cosa llamada amor”, es que lo que sentimos concuerda de alguna manera con la cualidad innata de la Naturaleza.
Sentir amor, es una indicación de que hemos establecido contacto con esta cualidad positiva que anima, vigoriza y une todas las partes de la realidad. La Kabalá la llama “amor” u “otorgamiento”, explica que es el factor unificador entre todos los elementos que conforman la realidad: minerales, plantas, y animales, así como de todas las experiencias en el mundo interior del ser humano.
Sin embargo, las demás partes de la naturaleza –inanimadas, vegetales y animadas– comparten esta cualidad de amor universal, de manera natural; mientras que el ser humano es la única criatura que no integra esta cualidad automáticamente. Nosotros somos la excepción; fuimos creados para actuar libremente: Amar u odiar, dar o recibir, y así sucesivamente.
CUANDO ACTUAMOS EN CONTRA DEL AMOR
El ser humano tiende a actuar en contra de la cualidad general de la Naturaleza, y esta es la raíz de todas nuestras sensaciones negativas. Por alguna razón, solemos pensar que nos sentiríamos mejor haciendo cosas para beneficio propio, incluso a expensa de otros. Nos enfocamos en “yo, yo, yo”, “¿cómo puedo yo sentirme mejor?” y, “¿qué puedo hacer para ganar, yo, más dinero/fama/poder?”
Sin embargo, sabemos claramente que este camino a la “felicidad” está pavimentado con competencia, envidia, soledad y dolor.
Obviamente, esto es lo opuesto a lo que pensamos cuando estamos enamorados, cuando todos nuestros pensamientos están dirigidos hacia el otro, y lo único que nos importa es esa persona. Cuando estamos enamorados, solamente pensamos en, “¿qué podemos hacer por él/ella?”
Si analizamos por un momento nuestra realidad cotidiana, y nos observamos desde una perspectiva más amplia, veremos que nos sentimos mejor precisamente cuando estamos en armonía con la cualidad del amor, porque entonamos nuestra “frecuencia interior” a la frecuencia que prevalece en toda la Naturaleza, a la corriente del universo completo. Si preguntáramos incluso a los científicos, ellos estarían de acuerdo en que todos los organismos vivientes, cumplen “la ley del amor”. Esto se debe a que todas las células y demás partes de los organismos vivientes interactúan de acuerdo al principio de “otorgamiento”, dando una a la otra, constantemente, con el propósito de cuidar las funciones esenciales y el bienestar del cuerpo entero y su vitalidad. Incluso los cuerpos humanos se adhieren a las leyes de la Naturaleza de esta misma manera, ya que el organismo funciona a un nivel animal. Es sólo en el nivel humano de nuestras interacciones –en nuestros pensamientos y sensaciones– cuando empezamos a desviarnos hacia otra dirección.
El nivel humano en nosotros es donde sentimos nuestro “yo”, nuestra identidad, y nuestra constante preocupación por nosotros mismos. Debido a que esta parte en nosotros está enfocada en ganancias e intereses personales, usualmente no nos damos cuenta de que el mundo es un todo, integral, interconectado e interdependiente. En otras palabras, perdemos de vista, que el placer o el sufrimiento de las otras personas están íntimamente ligados a nuestra interioridad, y que nuestro bienestar depende directamente del bienestar de los demás.
La Kabalá nos ayuda a reenfocar y ver en detalle lo que está pasando, como cuando observamos las cosas “bajo una lupa”. Luego nos damos cuenta de que la ley de la Naturaleza, de amor absoluto –universal, instintivo, natural, atento y cuidadoso– está muy lejos de ser realizada a nivel humano.
CUANDO ARMONIZAMOS CON LA NATURALEZA EXPERIMENTAMOS UN AMOR INFINITO
Si cambiamos esta tendencia, y empezamos a considerar a los demás de acuerdo a la ley de otorgamiento, sentiremos ese extraordinario sentimiento de “amor” todo el tiempo, no sólo en períodos cortos; ya que estaremos participando en el flujo de la Naturaleza, integralmente, tal como lo hacen las células del cuerpo. Simplemente nos fusionaremos con el resto de la Naturaleza y todo lo que nos rodea, en amor puro.
Esta armonía con la Naturaleza a nivel humano nos traerá una sensación de amor, placer y paz infinitos. Este sentimiento es considerado “Infinito” ya que cuando lo percibimos, los límites entre nosotros simplemente se desvanecen, y literalmente sentimos a los demás como si fueran parte de nosotros mismos. Por lo tanto, una relación de amor y otorgamiento no es solamente un cambio de actitud o percepción, sino, un mejoramiento fundamental y duradero de nuestra calidad de vida.
Nuestras relaciones interpersonales se tornarán armoniosas cuando recordemos el infinito amor que podemos experimentar cambiando nuestro enfoque de recepción para nosotros a otorgamiento. Entonces, encontraremos el balance no sólo en nuestra vida personal, sino también respecto al resto de habitantes sobre la Tierra.
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