domingo, 7 de septiembre de 2014

PERCIBIENDO LA REALIDAD 3



LA BÚSQUEDA DE LA ESPIRITUALIDAD

Todos queremos disfrutar, recibir gratificaciones. Unos encuentran la cima del placer en un jugoso churrasco y otros no descansarán hasta triunfar en un partido de ajedrez
o hasta que su equipo favorito de fútbol gane la copa. Tú quieres ganar la lotería y tu novia será feliz sólo cuando pueda desprenderse de esos cinco kilos demás… etc.

Aunque somos distintos en la elección del placer, el común denominador es la necesidad de llenar lo que sentimos que nos falta.


EL PLACER SE DESVANECE

Hay sólo un pequeño problema con “este asunto” del placer. Si analizamos nuestra vida, descubriremos que de todo lo que hicimos hasta hoy, nos queda sólo un recuerdo. Perseguimos placeres momentáneos, que al alcanzarlos, desaparecen como si se nos escaparan de las manos.
Cuando estabas en el jardín de infantes querías estar en la escuela; te la imaginabas como un lugar divertido, donde chicos grandes “la pasan bien” y aprenden cosas fascinantes. Cuando finalmente llegaste a la escuela pusiste tu mirada en el colegio secundario, y luego el anhelo de conocer el mundo o de tener un título universitario era la cúspide de tus aspiraciones. Más tarde, se despertó
la necesidad de formar una familia… Siempre nos parece que en la próxima etapa todo será mucho mejor. Pero, ¿es realmente así? Hoy día, ¿nos sentimos realmente mejor que ayer? Fuera de esto, cuando ya obtenemos lo deseado, lo disfrutamos, y luego el placer desaparece. Si estás sediento,
sueñas con un vaso de agua, lo recibes, y disfrutas del primer sorbo. ¿Y qué pasa a continuación? El próximo sorbo te deleita menos y el siguiente aún menos y al final, te olvidas que estabas sediento.
En conclusión, toda la vida vamos tras algún “fantasma” que se esfuma al atraparlo.


LOS 5 GRADOS DEL DESEO

Los sabios de la Kabalá descubrieron que los deseos del ser humano se dividen en 5 grados, en escala ascendente según nuestro nivel de desarrollo:

El primero, el básico, es para el alimento, la salud, el sexo y la familia. 
El segundo, es el anhelo por el dinero, el cual creemos nos asegura la supervivencia y un buen
nivel de vida. En el tercero, queremos honor y control, sobre nosotros mismos y los demás. 
En el cuarto, nos parece que alcanzar conocimientos nos hará felices. 
Tan sólo en el quinto grado de desarrollo del deseo entendemos que hay algo que sobrepasa lo que captamos, algo que dirige nuestras vidas, y a eso nos queremos vincular.

La necesidad de alimento y sexo se define como deseos corporales, y son necesarios también para los animales. Incluso una persona que se encuentra totalmente aislada, siente hambre y desea disfrutar de buena salud y sexo. En cambio, los deseos de riqueza, poder y conocimiento, son considerados deseos humanos. Éstos se desarrollan como parte de nuestra vida en sociedad, satisfaciéndolos con la ayuda de otras personas, únicamente.
Pero cuando se despierta en nosotros el quinto deseo, no sabemos cómo satisfacerlo. A éste los cabalistas lo llaman el Punto en el corazón.


EL PUNTO EN EL CORAZÓN

Los cabalistas denominan a la totalidad de nuestros deseos como el corazón humano, y al deseo más elevado –el anhelo por el mundo espiritual– lo llaman el Punto en el corazón, que produce en nosotros una sensación de falta de sentido, despertándonos la necesidad de buscar algún objetivo en nuestra vida y una razón para vivir. La persona en la que ha despertado el Punto en el corazón, se pregunta de pronto, ¿qué sentido tiene mi vida?, y no encuentra respuesta alguna en el mundo físico para saciarse.
Se le podría ofrecer dinero en abundancia, honor, control o conocimientos, pero seguiría frustrada.
Eso se debe a que este último deseo llega desde un plano más alto que este mundo, y su llenado, por lo tanto, debe provenir del mismo nivel. La sabiduría de la Kabalá nos enseña cómo satisfacerlo y efectivamente, en los últimos años hemos sido testigos del creciente despertar del deseo hacia la espiritualidad, por el que muchos se dirigen a la Kabalá.


LLENAR EL VACÍO

La persona en la que despierta el Punto en el corazón, va en busca del anhelado placer espiritual, el llenado completoy eterno, según los cabalistas. 
Cumplir los deseos corporales y humanos calma al ser humano. Pero cuando se despierta el deseo por la espiritualidad, uno no sabe cómo satisfacerlo. Aún más, desconoce lo que ha despertado en él repentinamente. Y por lo tanto, permanece insatisfecho, llevándolo a sentir impotencia, desesperación, frustración e incluso falta de sentido en la vida. Esta sensación es la razón principal del continuo aumento en el uso de drogas, alcohol y de otros escapes.
Muchos nos hemos preguntado desde temprana edad: ¿para qué vivimos?, pero con el pasar de los años, la influencia de los deseos y tentaciones que hacen distraer nuestros pensamientos, se va extinguiendo la pregunta y desaparece la necesidad de encontrar la verdadera solución. 
En cierto momento, con el despertar del Punto del corazón, surge nuevamente esta interrogante, incitando nuestros sentidos. Quien se encuentra firme ante la exigencia de encontrar la respuesta, llega a la sabiduría de la Kabalá y por su intermedio consigue el llenado espiritual, satisfaciendo así la necesidad del Punto en el corazón.
La saciedad del deseo por la espiritualidad le brinda al ser humano la sensación de una vida eterna y completa, una existencia por encima de su vida corporal. Esta percepción es fuerte, al punto que, en el momento de separarse de su cuerpo físico, no siente que ya no está con vida, porque se “identifica” con el llenado más elevado que existe en el Punto en el corazón, su nueva vasija de percepción.

QUIÉN ES DIOS?

Una visión cabalística acerca de quién es Dios, dónde se encuentra y la relación que tiene con nosotros.

Todos hablan sobre Dios estos días. Éste se ha convertido en el tema de enérgicas, cuando no acaloradas discusiones. Sin embargo, al hablar sobre Dios, ¿realmente sabemos de quién o de qué estamos hablando? Y si es así, ¿significa que la persona que sostiene puntos de vista distintos a los míos no sabe lo que dice? ¿Por qué yo deba asumir que tengo una mejor comprensión sobre algo que ni yo ni mis interlocutores podemos percibir claramente?
Una célebre adivinanza Zen dice “¿Si un árbol cae y no hay nadie que lo atestigüe, de todas maneras hace un sonido?” De igual forma, hasta que experimentes personalmente al Creador, no puedes dar testimonio de Su existencia, ni que hablar de qué quiere de ti.
La Kabalá explica que nuestra percepción del mundo que nos rodea es un cúmulo de impresiones que reciben nuestros cinco sentidos, las cuales son interpretadas por nuestro cerebro conforme a los recuerdos pasados y paradigmas que se encuentran dentro de él. Es por esta razón por la que diferentes personas interpretan el mismo suceso de manera distinta. Para alguien, una cena en un buen restaurante con acompañamiento de música suave puede ser la culminación del placer; sin embargo, para otra puede ser el epítome del aburrimiento. ¿Cuál de las dos tiene la razón?

La Sabiduría de la Kabalá nos ofrece una solución original al incesante debate sobre Dios: “Prueba y verás”, o como los cabalistas lo expresan: “Prueba y verás que el Señor es bueno”
Esta afirmación no quiere decir que debemos aceptar ciegamente que Él es bueno. Por el contrario, significa que debemos “probar” por nosotros mismos y “ver”. Los cabalistas que han “probado” afirman, por experiencia propia: “Es bueno”.

Tal como nuestra percepción del mundo físico es totalmente subjetiva, nuestras percepciones de la espiritualidad en general –y del Creador en particular– son subjetivas e indescriptibles. Por eso es que los cabalistas nos recomiendan que lo veamos nosotros mismos, es decir, prueba y ve. Para alentarnos en esta cuestión nos ofrecen sus impresiones –basadas en su propia experiencia de
Dios– de que Él es bueno y hace el bien a Sus criaturas. De hecho, nos dicen que Él es tan bueno que desea darnos todo lo que Él posee, a Sí Mismo, o sea que quiere que nosotros seamos como Él.
Los cabalistas se refieren a Dios como el Creador. En hebreo, el lenguaje de la Kabalá, la palabra para Dios es ELOHIM. Se compone de dos palabras: MI (que significa “quién”) y ELEH (que significa “estos”); que, a su vez, proviene del verso de Isaías 40:26 “Quién ha creado a estos?”
Por lo tanto, aunque el Creador funciona, en cierto sentido, como el verbo y Dios, como el nombre propio, ambos términos se refieren a la misma entidad. 
La solución que proporciona la Kabalá a las discusiones que se suscitan con respecto a la esencia de Dios es única, en el sentido que no nos da respuesta alguna, sino que nos entrega un modus operandi para desarrollar una percepción personal. En otras palabras, ésta nos promete, que si uno es constante, podrá descubrir y experimentar al Creador más claramente incluso de lo que percibimos este mundo.

Está escrito en El Libro del Zohar, la obra original de la Kabalá, que todos los mundos, el de Arriba y el de abajo, se encuentran dentro del hombre y que toda la realidad se formó sólo para el hombre, creada para sus necesidades.
Lo mismo se aplica a nuestra percepción del Creador. Él se encuentra dentro de nosotros. No tenemos ni idea de cómo Él es fuera de nosotros, ni siquiera de que Él exista en nuestro exterior, puesto que “todos los mundos, el de Arriba y el de abajo, se encuentran dentro del hombre”.

Si nos apegamos a esta línea de pensamiento, discutir acerca de Dios ya es un absurdo porque todo lo que podemos conocer de Él es la manera subjetiva en que Lo percibimos. ¿Será correcto imponer nuestra percepción subjetiva a los demás? Lo más que podemos hacer es sugerir el camino que nosotros pensamos es el correcto, pero la elección de este camino deberá ser la propia decisión y lo que descubren los demás, será suyo.
La Kabalá nos ofrece un camino específico mediante el cual, al estudiar ciertos libros y escuchar las explicaciones correctas, podremos descubrir al Creador. Sin embargo, aún cuando el camino sea el mismo, las experiencias son totalmente subjetivas: si yo digo que la sangre es roja prácticamente todo el mundo estará de acuerdo. ¿Pero esto quiere decir que todos perciben la sangre del mismo modo o que la experimentan de la misma manera? La conclusión más obvia es que podemos hablar el mismo idioma, tener las mismas experiencias y a la vez, llevar vidas muy individuales. 
Y nuestras relaciones con Dios o la Naturaleza (que tienen el mismo valor numérico en hebreo, el lenguaje de la Kabalá), no son la excepción a esta regla.
 Es decir, para alcanzar la Meta de la Creación, la razón por la cual Él nos creó, todos nosotros, tendremos que llegar, a fin de cuentas, a ser semejantes a Él.




























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