LA PUNTA DEL ICEBERG
Según la sabiduría de la Kabalá, la causa de la crisis actual radica en las leyes que rigen la naturaleza y la forma en que nosotros, los seres humanos, nos relacionamos con ellas. Como la ciencia ha comprobado, la naturaleza se mantiene en constante armonía y equilibrio, pero, de verse amenazados, de inmediato se activan los mecanismos necesarios para restaurarlos.
Durante el verano pasado en Norteamérica, mientras en algunas regiones hacía un calor sofocante, en otras, había inundaciones. Gran parte de Europa y Asia estaba literalmente ardiendo o sumergida bajo las aguas, reportándose deslaves y ríos desbordados. Donde los daños no venían del cielo, llegaban de las entrañas de la tierra.
Muchos científicos ya están admitiendo que estos desastres son tan sólo la punta de un iceberg de inconmensurables proporciones. Ya no nos preguntamos si una catástrofe mayor podría ocurrir, sino cuándo sucederá.
Si antes nos preocupaba la supervivencia de algunas especies, hoy la supervivencia de todas las especies, incluyendo la nuestra, se encuentra en peligro. Si no modificamos radicalmente nuestro modo de pensar, la naturaleza se encargará de hacerlo por nosotros, cobrándonos un precio muy alto por sus enseñanzas.
UNA NUEVA VISIÓN DE LA NATURALEZA
El principio de interconexión y unidad determina que todas las partes de la naturaleza deben trabajar no para su propio sustento sino para el del sistema en conjunto. A excepción del hombre, el instinto de conservación del equilibrio es un atributo inherente en todos los niveles de la naturaleza: inanimado, vegetativo y animado. Por consiguiente, en el universo entero, la humanidad es el único elemento disociado.
Así, al corregir la naturaleza humana repararemos los demás elementos del entorno, pero si continuamos fracturando su equilibrio sólo intensificaremos y prolongaremos nuestras dificultades. La La Kabalá nos enseña que el único camino que nos queda para ayudarnos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea es “trabajar” internamente, reemplazando nuestro deseo de auto complacencia por el deseo de “satisfacer al sistema”.
EL HOMBRE ES UN LOBO PARA EL HOMBRE
Cada día nos volvemos más y más egoístas, aumentando las desavenencias y alejándonos del principio de unidad. El hombre no sólo explota a sus semejantes, a los animales, plantas y minerales, sino que también se complace en erigirse sobre la ruina de los demás. Y cuanto más egoístas somos, mayor es la reacción de la naturaleza para restablecer el equilibrio. Por esta razón, sentimos que está cobrando venganza, cuando en realidad, simplemente intenta corregir el daño que hemos causado.
La naturaleza no puede, ni otorga concesiones. Podemos continuar escondiendo la cabeza en la arena, pero si lo hacemos, es muy probable que se quede enterrada. El tiempo apremia, pero aún podemos salir del fango, asumiendo el compromiso juntos.
LA ALTERNATIVA
Los seres humanos tomamos lo que queremos sólo para nosotros mismos. Sin embargo, como las leyes de la naturaleza han sido predeterminadas y son inalterables no tendremos otra opción que “optar por unirnos y retribuir, participando voluntariamente en el proceso”, en vez de seguir a ciegas, chocando constantemente contra obstáculos imprevistos. De hecho, la ventaja privativa de los seres humanos es la habilidad de comprender cómo y por qué la naturaleza opera de la manera en que lo hace. La sabiduría de la Kabalá nos ofrece un método de autoestudio y autotransformación, dándonos una explicación coherente de las leyes comprobadas por los cabalistas en el transcurso de casi cinco mil años. Aunque la terminología ha ido cambiando, adaptándose a las necesidades de los estudiantes en diferentes épocas, los principios han permanecido tan inamovibles como la naturaleza misma, puesto que es a ésta que dichos principios se refieren.
La naturaleza no nos creó con el poder de la reciprocidad, pero sí nos proporcionó los medios para adquirirla por elección propia. Al hacerlo, la recompensa es el desarrollo de capacidades de omnipotencia y omnisciencia. Tan sólo se necesita la voluntad para dar el primer paso.
“EFECTO MARIPOSA” Y LA CABALÁ
Las crisis, como por ejemplo la de los subprime (créditos hipotecarios de alto riesgo) en los Estados Unidos, en las que un elemento “contagia” a otros y conduce a todo el mercado al borde del colapso, son algunos de los efectos de a globalización económica. Todos los intentos de enfrentar estos fenómenos por medio de acciones que intentan reforzar la capacidad de proyección de los modelos económicos existentes han sido condenados al fracaso.
Para poder construir sistemas económico-financieros, y otros sistemas de vida, tenemos que entender primeramente la reglamentación general según la cual funciona el sistema básico en el que vivimos: el sistema de la Naturaleza.
El Profesor Günter Blobel, Premio Nóbel en Fisiología y Medicina, afirma que el principio de reciprocidad es la clave de cada sistema en la Naturaleza. “El mejor ejemplo de esta reciprocidad son las células de un cuerpo vivo" dijo Blobel. Las células se conectan unas con la otras por medio de un otorgamiento recíproco, para el bien del cuerpo entero. Cada célula del cuerpo recibe lo que necesita para su supervivencia, y utiliza el total del resto de su fuerza para realizar su función en beneficio
del cuerpo entero”.
En realidad, en todos los niveles de la Naturaleza, el individuo actúa en bien del colectivo al que pertenece, y de esa forma obtiene su plenitud. Este delicado equilibrio recíproco facilita la existencia, y es la base de todos los sistemas naturales. Los sistemas artificiales que la sociedad humana ha construido para sí misma, incluso los económico-financieros, se encuentran en total oposición a la armonía que reina en la Naturaleza. En su centro se encuentra el egoísmo, que prefiere poner siempre el interés personal limitado por encima del bien general. No obstante, mientras más buscamos individualizarnos y obtener ventaja sobre nuestro prójimo, más volvemos a descubrir que los humanos dependemos los unos de los otros. Aunque no estemos conscientes de ello, cada una de nuestras acciones tiene la capacidad de producir cambios de gran alcance en algún otro lugar del mundo, y viceversa. El ego y la globalización nos encarcelan dentro de un círculo vicioso, que no nos permite respirar.
Si el “efecto mariposa” es una metáfora popular del caos matemático, entonces en la era de la globalización, el “efecto del consumidor” funciona de la misma forma.
Cada una de nuestras acciones como consumidores afecta a otros sistemas y personas, con las que por lo general, no tenemos ningún contacto. De igual forma, el ir de compras al centro comercial al lado de su casa, tiene consecuencias muy significativas sobre la vida de muchas personas en el mundo. El producto que comprará puede determinar si una u otra fábrica continuará en funcionamiento, si algunas personas serán trasladadas de sus comunidades, tal vez serán salvadas del hambre, o quizá serán explotadas aún más. De esta manera, identificamos fácilmente cómo eventos singulares como la crisis hipotecaria de los Estados Unidos, los desastres naturales, los atentados terroristas, y la tensión militar en Oriente Medio, afectan directamente el precio de las mercancías en todo el mundo, y conllevan un peligro a la estabilidad económica global.
Por lo tanto, ha llegado la hora de reconocer que somos parte integral del sistema natural, y de asumir el rol dictado por Él. Para estabilizar los distintos sistemas que hemos creado entre nosotros, debemos corregir nuestras relaciones egoístas, en las que están basados estos sistemas.
Este objetivo es alcanzable, pero requiere abordarlo desde varios ángulos. Para empezar, los líderes económicos tienen que percatarse que es necesario enfrentarse a esta enfermedad desde su raíz, en lugar de continuar abasteciéndole al mundo “remedios analgésicos”.
Además, hay que despertar la conciencia pública al hecho de que somos todos partes de un solo cuerpo compuesto de múltiples células. Cada una de las células de este sistema humano tendrá que entender que el modelo económico más beneficioso para sí misma es la felicidad de otra persona, y que sólo así podremos asegurar nuestra estabilidad.
Es importante, entonces, proporcionarle al público en general la causa de la crisis y la forma de resolverla. Esto será posible por medio del uso de varios ejemplos que muestran la manera en que funcionan los múltiples sistemas en la Naturaleza, y las interrelaciones y reciprocidad que existen entre ellos. En ese sentido, resulta necesaria la enseñanza a personas claves, de la forma en que funciona el sistema global de la Naturaleza, para que puedan deducir de ello cuáles son los cambios que se deben efectuar en los sistemas humanos existentes, con el propósito de estabilizarlos y conducirlos a un estado de balance. Este punto es realizable mediante la sabiduría de la Kabalá, el método que nos enseña las leyes básicas de los sistemas naturales.
Por último, la unión de fuerzas de instituciones distintas en la sociedad es necesaria para conseguir que estos conocimientos echen raíz, sean asimilados por el público, y conduzcan a la humanidad a realizar este cambio necesario hacia un puerto de refugio. Cuando nuestro mundo empiece a cambiar de dirección hacia el requerido equilibrio con la Naturaleza, los resultados no tardarán en llegar.
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